Dónde quiera que tú estés,
que tu imagen se apersone,
que Dios haga llegar a ti,
un mundo de bendiciones.
Dónde quiera que te encuentres,
dónde quiera que tú andes,
pon atención que va a hablarte,
el corazón de una madre.
Capullo de flor primitiva,
rosa en botón y fragancia,
pequeñita de mi vida,
pedazo de mis entrañas,
ya no eres tan chiquitita.
Te espigaste, poco a poco,
no crees en caperucita
y ya no te asusta el coco.
Linda y hermosa chiquilla,
hoy empiezas a crecer,
has dejado de ser niña,
y te conviertes en mujer.
Empiezas a ser coqueta,
y no te importa cambiar,
tú más querida muñeca,
por algún lápiz labial.
Ya llegaste a la fase
que crees que todo lo sabes,
y utilizas estrés y sostén
no biberón y pañales.
¡A ti una cosa te diré!
y es que andes con cuidado,
que te aplomes bien los pies,
porque el piso está mojado.
Hay piedras en el camino,
y reina la mala intención,
toda rosa trae espinos,
y toda alegría desilusión.
El mundo no es perfecto,
no todo lo que brilla es oro,
y hasta el más blanco y puro lienzo,
se mancha al tocar el lodo.
Por eso escucha el consejo,
el que mucho corre se cansa,
pocas metas alcanza,
y casi nunca llega lejos.
¡Que Dios te de la salud!
la inteligencia y la razón,
un mundo de mucha luz,
y mi eterna bendición
“Andriana de mi vida”
pequeña de mi alma,
te escribe, quien no te olvida,
tu madre que no te engaña.
Colaboración de Sandra Coronado
Venezuela
